Ladrón de Museos


A text for Franco Ferrari's show at La Ene. MAR-MAY, 2012.
Buenos Aires, Argentina.





Ladrón de Museos de Franco Ferrari


Las partes separadas de un enorme óleo de Andrea Sacchi están regadas por el piso entre colillas de cigarros y vasitos desechables, mientras Franco Ferrari las ordena como deben de ir. Las impresiones tienen unos bordecitos blancos que aún tiene que cortar con cuidado, para entonces pegar con cinta y precisión todas las piezas y obtener una reproducción de tamaño real de Marcantonio Pasqualini coronado por Apollo (1641).


La labor de Ferrari no es menor, es una especie de arqueólogo del internet, medio hacker, una versión nerd del ladrón de museos. Encontrar las imágenes le lleva un tiempo, tienen que ser obras que le gusten, –Tiepolo es un favorito– y hay que subvertir un poco la búsqueda en Google para encontrarlas en la mayor calidad posible. "En HD no se rompen, si están pixeladas ya están rotas, en HD se estiran sin romperse" – dice con experiencia. Las roba de donde sea, incluso directamente de Google Art Project –que te deja pasear por los pasillos de los museos más famosos del mundo, y eso no suena fácil.


Después, una serie de cálculos digitales para modificar el tamaño, para que la perspectiva no se altere en el montaje, para que entren en el espacio, para que se impriman correctamente; y estas operaciones hacen reflejo en las obras originales-bootleg que obtiene, como su remix de las matemáticas que usaron los autores originales para diagramar las perspectivas.


En la sala, se exhibe una Mona Lisa con marco dorado, que no ha de ser confundida con la icónica Gioconda de Leonardo, si no que es la copia restaurada que se exhibe en el Museo del Prado y que se cree que fue pintada por sus discípulos; es decir que es un bootleg del bootleg, la versión pirata-digital de la versión también pirata del famoso original. Estos desdoblamientos se repiten constantemente en la muestra; es el museo imaginario de Malraux también revisado, remixeado y optimizado para un pendrive en el 2012.


Ferrari quería replicar la experiencia museo, hacer un copy/paste en La Ene, obras de arte para todos, y lo hace, pero es mejor que eso. Cuando las masivas cantidades de obra que asaltan los ojos al recorrer el Louvre terminan convirtiéndose en spam cultural [skip skip], las obras que reconstruye Franco en esa salita luchan por ganarse la atención del espectador. Son tan preciosistas como sus originales, no escatiman en detalles, como dice Ferrari "los clásicos retienen su personalidad", y mirar cómo lo hacen en impresiones caseras es una operación tanto más interesante que merodear museos enciclopédicos.


– Gaby Cepeda.