Avatares de la Vida


A text for Andrés Brück's show @ Atheneé. December, 2012.
Buenos Aires, Argentina.







Avatares de la Vida [y pequeñas catástrofes].


Hay tensión en el pequeño cuarto rodeado de dibujos y banderas creados por Andrés Brück. Los primeros desfilan en el perímetro de la habitación a la altura de la vista, y en ellos se dejan ver algunos de los trazos que estaban presentes en sus muestras anteriores, dónde sus ilustraciones –entonces hand-made– se llenaban de personajes y símbolos provenientes de un caldo primordial de referencias muy personales. Combinaciones gráficas de glandes, larvas, criaturas, plantas amorfas y emoticons emergían en aquellos dibujos a tinta recargados de referencias a la vez familiares y difíciles de situar.


En su última muestra, sigue presente este caldo de referencias muy-Brück, pero la tensión se genera en las pequeñas catástrofes por las que han atravesado. Catástrofe en el sentido matemático explicado por Manuel de Landa como "cualquier cambio abrupto de forma o de modo dinámico de actuar que ocurre en un punto crítico de intensidad": pequeñas cuando el agua en un punto crítico se vuelve hielo, y gigantes cuando el océano genera una Era Glaciar. Entonces las ilustraciones previas de Brück, hechas a trazos rápidos de tinta china, cambiaron como agua en hielo para convertirse en imágenes digitales. Las otrora fluidas líneas, son ahora forzadas hasta convertirse en esas líneas irregulares con forma de 'serruchito' –como lo denomina el propio Andrés. El pixel explotado y y las referencias a la vida digital que antes se diluían en la mitología personal de Brück, ahora están casi intactas como injertos agregados al glosario para su interpretación en #2K13. Las pequeñas imágenes repletas de líneas esmeriladas digitalmente y retratos licuados hasta que casi dejan de serlo, aún retienen esa cualidad de chiste-local, léxico hyper-personalizado que las anteriores encarnaciones articulaban con mística y primitivismo.


Las pequeñas catástrofes continúan en la sala. Mientras que en las imágenes distinguíamos algo de emoticons y caritas felices; éstas atraviesan otro punto crítico, otra alteración de intensidad y terminan cuajando en dos banderas que de no ser tangibles, serían perfectamente digitales. Emoticons claramente pasados por iconografía asiática, vertidos en colores pastel y gradientes de azul-mar- caribeño, se enfrentan plasmados en banderas a ambos lados de la sala, como enmarcadas en un plano evolutivo superior al de las pequeñas imágenes que las rodean. Siendo banderas, son concisas y derraman sólo la cantidad de información necesaria del lenguaje-Brück y en eso denotan el parentesco con sus antecesores evolutivos.


Finalmente, en un último cambio morfogenético, Brück presenta un iPad recargado modestamente sobre un radiador en el que se reproduce un loop de un rostro perfilado en 3D. La extraña cabeza se balancea mirando de un lado a otro mientras flota sobre un fondo de jungla verde, cuando inesperadamente clava su mirada incómoda sobre el espectador dirigiéndole un guiño torpe y una sonrisa deforme. La animación podría encontrarse en la Wikipedia como claro ejemplo del Uncanny Valley, la hipótesis del experto en robótica Masahiro Mori que sostiene que mientras más se acercan a la realidad humana, las animaciones 3D y los robots tienden a tener imperfecciones que los hacen repulsivos a los seres humanos. El guiño y la sonrisa que la cabeza flotante de Brück le regala al espectador definitivamente tiene ese efecto desagradable, y con ese gesto se engancha a la genealogía de las pequeñas imágenes que lo preceden, con sus gestos provocativos y burlones.


Las transiciones entre soportes que se dan en toda la muestra, reflejan una transformación en la actividad artística de su creador, quien plantea aún desde su propio lenguaje –lleno de referencias masculinas enlazadas con drogas, léxico callejero e inspiraciones asiáticas– nuevas encarnaciones de aquéllas figuras en tinta que fuesen las primeras criaturas de emerger del caldo primario de su producción. Ahora homogeneizadas, digitalizadas y en modesto blanco y negro, se convierten en una especie de glosario gráfico para resolver el enigma presentado por sus nuevas obras.


Tensión, pequeñas catástrofes y transiciones codificadas en distintos soportes, se presentan como la forma en que Andrés Brück lidia con su evolución artística, haciéndose cargo de un bagaje visual intenso que es críptico al mismo tiempo que raya en la vulgaridad adolescente; que se amiga con la tecnología sin dejar de asumirse un poco primitivo.


– Gaby Cepeda.